Fichas que no se quedan

Todo mazo acaba criando unas cuantas. Esa tarjeta que has fallado once veces, que vuelve cada dos días, y que a estas alturas reconoces por la forma del texto y no porque sepas la respuesta. En Anki tienen nombre — leeches, sanguijuelas — y el nombre está bien puesto: se llevan una parte desproporcionada de tus repasos y no devuelven casi nada.

El instinto es insistir. El instinto se equivoca. Una tarjeta que fallas una y otra vez casi nunca es un problema de memoria, y repetir más veces una ficha rota solo produce una ficha rota mejor memorizada.

Diagnostica antes de tocar nada

Casi siempre es una de estas cuatro cosas, y la solución cambia.

Pide demasiado de golpe. "Enumera las causas de X" con seis puntos detrás no se puede corregir: has dicho cuatro, ¿eso es acierto? Si la corrección es ambigua tus valoraciones son ruido, y con ruido el algoritmo no puede ayudarte. Esta es, con diferencia, la causa más común.

No tiene contexto. Memorizaste la respuesta sin llegar a entender la cosa, así que el dato no tiene dónde agarrarse. Se reconoce en que puedes soltar las palabras y no sabrías explicárselas a nadie.

Es ambigua. El anverso admite varias respuestas razonables y te estás corrigiendo contra una redacción concreta que escribiste tú.

Interfiere con su vecina. Dos fichas parecidas — dos fármacos, dos fechas, dos definiciones que se diferencian en una palabra — y las cambias sistemáticamente. Por separado van bien; juntas son cara o cruz.

Las soluciones, por orden de eficacia

Pártela. Una tarjeta de seis puntos se convierte en seis tarjetas, o en una por pareja. Parece más trabajo y es justo lo contrario: seis fichas sin ambigüedad se repasan bien y se van, mientras que una ambigua vuelve para siempre.

Añade una pista al anverso. No la respuesta: algo que discrimine. Si confundes dos tarjetas parecidas, mete en la pregunta aquello que las distingue, para que te estén preguntando algo contestable.

Reescríbela como te la preguntarían. Las fichas que copian la redacción del temario acaban evaluando que reconoces esa redacción. Formúlala como lo haría quien te examina.

Ve a entender el fondo. Si la tarjeta no tiene contexto, ninguna reescritura la salva. Vuelve a leer el apartado y después reescribe la ficha desde el entendimiento. Es más lento y muchas veces es lo único que funciona.

Bórrala. En serio. Hay datos que no valen lo que cuestan de repasar, y una tarjeta fallada once veces ya te ha dicho su precio. Borrar es una decisión de calendario legítima, no un fallo de carácter.

Lo que no está en la lista: repasarla más a menudo, ponerle una regla mnemotécnica a algo que no entiendes, o pulsar difícil siempre y confiar.

Lo que te cuestan los fallos repetidos

Conviene saberlo, porque explica por qué dejarlas correr sale caro.

En casi todos los sistemas de repaso espaciado cada ficha lleva un multiplicador de facilidad que decide a qué ritmo crecen sus intervalos. Fallar recorta ese multiplicador, y no se recupera deprisa. Una tarjeta fallada muchas veces se queda clavada cerca del suelo, así que aunque acabes aprendiéndotela seguirá volviendo mucho más a menudo de lo necesario. Estás pagando intereses de una deuda de hace tres semanas.

Ese es el argumento real para arreglarlas o borrarlas en vez de insistir: la insistencia deja daño detrás incluso cuando al final funciona.

En Anki concretamente para esto está el manejo de leeches: a partir de cierto número de fallos etiqueta la tarjeta y la suspende, que es una interrupción forzada para obligarte a mirarla. Si usas Anki, deja esa función activada. Está haciendo lo que esta página te está pidiendo que hagas a mano.

Cómo lo hace Quat, y qué no tiene

Quat es una app para iPhone y iPad que desarrollo yo, así que léelo sabiendo quién lo escribe, incluida la parte que no me favorece.

El algoritmo se comporta como arriba: una ficha valorada otra vez vuelve en la misma sesión y pierde facilidad, y como la facilidad tiene suelo, una tarjeta muy fallada se queda con intervalos cortos. Las fichas se pueden editar en cualquier momento, que es lo importante aquí: partir o reescribir una tarjeta mala es la solución de verdad, y se hace desde la pestaña de Tarjetas sin ceremonia.

Lo que Quat no tiene: detección de leeches, suspender ni posponer. Nada cuenta tus fallos, nada etiqueta una ficha problemática y nada te va a interrumpir para decirte que esta te ha costado once repasos. Así que en Quat el diagnóstico de arriba es manual del todo: o te das cuenta, o no.

Si tus mazos son lo bastante grandes como para que las leeches sean un impuesto real, el manejo automático de Anki es mejor que nada de lo que Quat hace hoy, y eso es una comparación directa y no una forma de escurrir el bulto. Lo que Quat te da a cambio es el sello de origen en cada tarjeta, que es lo que hace practicable la solución de reescribir: puedes volver a la clase o a la página y escribir la ficha bien, en lugar de adivinar qué querías decir.

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