¿Vale la pena pasar los apuntes a limpio?

Casi siempre no, y conviene saber por qué antes de dedicarle un domingo.

Copiar unos apuntes a limpio se siente productivo: hay progreso visible, queda bonito y al terminar tienes algo ordenado. Pero copiar es una tarea casi mecánica. Puedes hacerla entera pensando en otra cosa, y cualquier actividad de estudio que se pueda completar sin pensar no te está enseñando gran cosa. Lo que produce es una carpeta bien presentada y la sensación de haber estudiado, que es exactamente el tipo de sensación que conviene desconfiar.

Cuándo sí tiene sentido

Hay tres casos en que pasar apuntes a limpio se defiende solo, y ninguno es "para que queden bien".

Si los reescribes en otro formato. Convertir tus apuntes en preguntas, en un esquema o en un mapa te obliga a decidir qué es importante y cómo se relaciona. Eso ya no es copiar, es procesar, y ahí está el aprendizaje.

Si no se entienden. Si tu letra de clase es ilegible o tomaste notas a trozos, ordenarlas es mantenimiento necesario. Hazlo pronto, mientras recuerdas qué querías decir.

Si vas a compartirlos. Un apunte para otra persona tiene que estar limpio, y explicar algo por escrito es de las formas más eficientes de descubrir qué no entiendes.

Fuera de esos tres casos, el tiempo rinde más recuperando: cerrar los apuntes e intentar contarte el tema sin mirar te dirá en cinco minutos lo que la copia no te dice en dos horas.

El error de calendario

Casi todo el mundo pasa apuntes a limpio en el peor momento: en época de exámenes, cuando el tiempo vale más y lo que hace falta es practicar recuperación, no reordenar material.

Si vas a hacerlo, hazlo la misma semana de la clase, cuando todavía sabes qué significaban tus abreviaturas, y hazlo convirtiéndolo en preguntas.

Digitalizarlos es otra pregunta

Pasar apuntes de papel al móvil tiene una ventaja real que no es la presentación: se pueden buscar. Un cuaderno no se busca, y a mitad de cuatrimestre eso importa.

Dos advertencias honestas. El reconocimiento de letra manuscrita sigue siendo irregular: con letra clara y buena luz funciona razonablemente, y con letra de tomar apuntes deprisa, mucho menos. Y digitalizar por digitalizar es la misma trampa que copiar por copiar, solo que con más pasos. Si vas a fotografiar cuarenta páginas, decide antes qué vas a hacer con ellas.

Cómo encaja Quat

Quat es una app para iPhone y iPad que desarrollo yo, así que esta parte la escribe alguien interesado, y la conclusión de arriba no cambia: si lo que buscas es una app para pasar apuntes a limpio más rápido, la mejor respuesta sigue siendo no pasarlos a limpio.

Donde sí encaja es en el segundo caso de esta página, el de convertirlos en otro formato. Fotografías la página y Quat lee el texto y lo convierte en un apunte y en tarjetas que te preguntan sobre él, con el sello de dónde salió. El resultado no es una copia ordenada de tus apuntes: es un conjunto de preguntas que puedes fallar, que es lo único de esta página que se ha demostrado que funciona.

El cupo de fotos y documentos es de veinte al mes en la versión gratuita y trescientas con suscripción, así que fotografiar un cuaderno entero no es lo que la versión gratuita está pensada para aguantar.

Y el límite que toca decir: con letra manuscrita el resultado depende mucho de tu letra. Prueba con dos páginas antes de contar con ello para un cuatrimestre.

Lo que no hace es adivinar. Cuando no puede leer una palabra escribe [?] en lugar de rellenar con algo verosímil, y la transcripción aparece en un campo editable antes de convertirse en nada. Eso importa más que la precisión en bruto: una palabra marcada con [?] la arreglas en cinco segundos, y una inventada que no llegas a notar se convierte en una ficha que te machaca algo que nunca escribiste.

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